Diferentes puntos de vista.
Los gringos son buenos para dar “su domingo” a cualquier tipo de vecino que se le ponga enfrente y se le rebele. Y siempre iniciaran el ataque con sus adorados juguetitos bélicos, misiles y armamento ultramoderno, del cual siempre están alardeando. So pretexto para usar los uniformes.
También van a decir en sus noticieros que se han bombardeado solamente blancos militares, tales como bases aéreas y campamentos terroristas. De entrada, yo creo que sus guerras ya se pusieron a mano en cuanto al número de muertos con respecto al 11 de septiembre (si no es que hasta mas).
Ya lo dijo Bush: -”Esta es una lucha contra el mal”.-
Lo irónico es que para los musulmanes, los villanos malditos desalmados, son los estadounidenses.
Que por cierto, ¿Por qué los gringos nunca le pusieron nombre a su país?
¿Qué es eso de “Nosotros los americanos” y “aquí en América”?.
¡América somos todos, no frieguen!
Y cuando Bin Laden dijo: -”Dios (su Dios) dice que no conocerán nunca más la paz en América”.-
Técnicamente nos va a llevar entre las patas a todos.
El caso es que para los musulmanes, los malvados son los “americanos”. Y así siempre es la vida, las cosas que se ven de un modo u otro, dependiendo de qué lado se coloque uno.
Cuando las cosas lucen a todo dar por fuera, probablemente por dentro están del nabo (muy mal), y viceversa.
Recuerdo un día en el cuál el cielo estaba claro y se apreciaba el Iztaccíhuatl plenamente; rodeado de niebla espesa en sus faldas, de tal modo que se veía como si “La Mujer Dormida” descansara flotando sobre las nubes.
Era un espectáculo muy bello, poético y todo eso.
Pero me imaginé que era muy probable que mientras yo disfrutaba de este regalo de Dios, al mismo tiempo podrían estar unos alpinistas extraviados, atrapados en la traicionera niebla y apunto de morir.
-”¡¡Dios, no se ve nada, estamos perdidos!!” –
-”¡¡Cuidado con el precipicio!!”-
-”¿¿Cuál precipicioooooooooooo??”-
Siempre hay dos puntos de vista sobre la misma situación o circunstancia, la vida no es completamente blanca o negra, más bien es gris. Y las cosas no siempre son como parecen a simple vista.
Por decir un ejemplo de el caso de un sujeto que murió el 7 de octubre de 1849.
Este personaje nunca fue un ejemplo de virtudes. Desde joven dio mucha guerra, aprovechaba su habilidad para escribir poemas, y enamoraba muchachas a diestra y siniestra, era el azote de las chamacas, como un técnico de cablevisión con las sirvientas en las azoteas. Tomador en exceso, jugador y drogadicto (bien pudo haber sido diputado de x partido politico).
Por más que se le quiso ayudar no se dejó; una vez se le consiguió un cargo en la Academia Militar, pero a los pocos meses fue despedido por negligencia en el deber. Su padre adoptivo lo repudió para siempre, y acabó viviendo con una tía y una sobrina de 11 años, con quién terminó casándose cuando ésta tenía 16, él 27 (cochino).
A los 40 años encontró la muerte debido a su pésima y patética forma de vida.
Sus últimas palabras fueron: -”Que dios ayude a mi pobre alma-”.- que es la oración perfecta de un pobre diablo.
Y cualquiera de nosotros podría pensar: -”Me estás hablando de una basura humana, un perdedor, una escoria, que si nunca hubiera nacido, al mundo no le hubiera importado nada”.-
Pero no. Esta apreciación superficial es un tremendo error. Ya que se trata de Edgar Allan Poe.
Por el contrario, tenemos el caso de un “gran hombre”, con una vida ejemplar.
Su impecable día iniciaba a las 6 a.m. cuando practicaba equitación antes de irse a la Universidad. Fue licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Master en Administración Pública en la Universidad de Harvard, doctorado en Economía Política y Administración Pública.
Subdirector de Programación Económica del gobierno. Dirigió una campaña presidencial. Secretario de Planificación y Programación Económica.
Y por último llegó a ser presidente de su país.
¿Un tipo ejemplar? ¡Pues se trata nada más ni nada menos que de Carlos Salinas de Gortari, ustedes dirán!
Y así es, las cosas no siempre son lo que parecen a simple vista.
¡Enchilame!



