La mayoría de la gente pierde el tiempo a lo menso en lugar de ponerse las pilas. El lunes en el trabajo estuve escuchando a una bola de inútiles ociosos que siempre pierden el tiempo en la oficina, un grupito de mujeres y hombres que fluctúan alrededor de los 30, quienes nunca tienen nada que hacer y se la pasan en el cotorreo, el barullo y las risitas. Hasta estuve a punto de callarlos porque no me dejaban concentrar (porque estaba meditando sobre mi horario de escuela); pero de pronto me relajé y en lugar de resistirme al barullo me dejé cargar con su inútil energía, y sí, ya que estoy calmado y en casita puedo escribir sobre ellos ¿por qué no?,
Todos llegaron entre las 9:30 y 10 a.m. (claro, aprovechando que el jefe esta de vacaciones), todo el maldito día estuvieron hablando puras babosadas inútiles:
- “¿Vistes al perro que está aquí afuera?” -
- “Si; mi abuelita tenía uno igualito, pero más café, con más pelos, más chato y más chaparro.” -
- “¡Pues entonces ya no era igual!” -
- “¿Y si lo recogemos?” -
- “Pero luego ¿dónde lo pones?” -
- “En casa de mi cuñado.” -
- “¿Tu cuñado el borracho?” -
- “Si, el de la cámara de video .” -
- “Yo tenía una cámara de video, ahora me modernice y tengo la Cybershot.” -
- “Yo tengo un amigo que tiene un programa para video para la computadora.” -
- “Estaría bien grabar al perro de aquí afuera.”-
A eso de las 2 p.m. todavía tienen la desfachatez de hacer ¡corte a comer!
- “¡Aich! Ya vámonos a comer; ya estoy harta manito.” -
¿¿Harta de qué?? Pregunto yo. No resistí la tentación de seguirlos hasta la fondita donde comieron, y descubrí con estupor que continuaban hablando más tonterías, pero ahora sí en un tono de más confianza. En esta charla sin sentido e inútil, una chica relataba una plática anterior con un tercero; es curioso, pero la mayoría de las pláticas infructíferas se refieren a pláticas anteriores, igualmente inútiles, algo así como:
- “Y que me dice: No, me dice, ¿y a qué horas regresas? me dice. Y que le digo: Como a las 4, le digo. Y que me dice: ¿a las 4?, me dice. Y que le digo: Sí, a las 4, le digo. Ya, me dice, no yo como a las 5, me dice. Y que le digo: ¿a las 5 manito? Sí, me dice, a las 5, me dice. Y que le digo: ¿A las 5 o a las 5 y media?, le digo. No, me dice, a las 5, me dice. Chale, chale, le digo. Y que agarra y que me dice: Sí, me dice, ¡chale!” -
Yo pienso que es una especie de clave secreta, porque es imposible que eso signifique lo que entendí ¡o sea nada! Después del postre: “Mangos dulces” regresan a la oficina muy puntuales a las 3.00 p.m. a seguir diciendo puras estupideces:
- “¿Qué onda? ¿Sí vistes el perro de aquí afuera?” -
- “Sí, mi abuelita tenía uno igualito… bla, bla, bla,bla” -Hasta las 6 p.m.
Lo peor del caso es que no detecto el menor rastro de sentimiento de culpa, la mínima sensación de vergüenza por parte de este grupito. Ninguno de estos personajes sienten que están desperdiciando su día, su semana, su vida. Seguramente llegan a sus casas sobándose la espalda:
- “¡Ahhh, estuve todo el maldito día metido en la oficina!” -
Y años después se quejarán amargamente:
- “Es que no me ha ido bien, he tenido mala suerte”. -
Pues sí, pero ¿y qué tal el perro de afuera? ¿bien?