Confesiones Parte 1.

Siento vergüenza de mi mismo. Sé que lo que siento no está bien. Que es antinatural. Pero cada día lo quiero más y guardo silencio para que la sociedad no me juzgue ni me llame perverso y enfermizo. Pronto no resistiré y tendré que confesarlo al mundo, porque además la gente se da cuenta, he notado como me miran diferente mientras camino por el supermercado, como murmuran a mis espaldas y lo peor, de pronto el deseo se apoderó de mi y he sucumbido a su encanto . Por eso hoy debo revelar mi secreto.

Quiero comer Gerber

Si, todo comenzó por accidente. Caminaba sin rumbo en el supermercado, cuando el destino me llevó al pasillo de bebés y en un arranque de nostalgia, decidí ver que había de nuevo en la comida para infantes. Lo que vi me dejó helado. Cuando yo era chico, las opciones eran carne y zanahoria, zanahoria con carne y zanahoria sin carne. Algo así, pero ahora los niños tienen opciones gourmet que incluyen lasagna, carnes en todas sus presentaciones, deliciosos juguitos con yoghurt y además igual que los gatos, tienen bocadillos, snacks entrenadores y mil cosas más.

De inmediato revisé los ingredientes seguro de que sería una tomada de pelo aprovechandose que los bebés no saben leer y que la lasagna estaría hecha de glucosa, harina y agua. Grandota sería mi sorpresa al ver que tenía queso, pasta, carne, albahaca, oregano y todos y cada uno de los ingredientes que tiene la lasagna para adultos, y así pasó con todo lo demás. Obviamente se me antojó, pero debi ser fuerte y controlarme. ¿Por qué yo no gocé de los mismos privilegios? ¿Era un pecado buscar los sabores que me habían sido negados en mi más tierna infancia? ¿Por qué yo tengo que masticarlo todo y para ellos es tan facil? Como pude contuve el llanto y seguí mi camino.

Pero cuando vi los bocadillos entrenadores, no pude más que retorcerme de la envidia ante lo afortunadas que eran las madres de hoy, que podían enseñar a sus niños a saludar, a sentarse y a dar la patita sin batallar tanto como las pobres mujeres del siglo pasado. Y atormentado porque sé que nunca aprendí a a dar la patita ni nada, me compré mis bocadillos entrenadores, para echarle ganas y aprender todos los trucos y gracias que la vida me arrebató. Y si, son deliciosos. Y quiero más. Y caben perfecto en mi mano chiquita y regordeta. Y cuando las como casi ni babeo. Y tienen como un millón de calorías para que me ponga bien chapeado y cachetón. Lo malo es que son muy poquitas

No me juzguen.



Gracias por leer esta historia. Ahora puedes leer comentarios (2) o dejar un Trackback.

2 Respuestas to “Confesiones Parte 1.



Deja una respuesta

Nota: Los comentarios están permitidos solo por el hecho de que el dueño de este sitio te está brindando esa oportunidad, pero ten en cuenta que cualquier comentario que considere inoportuno podrá ser removido a su discreción y sin previo aviso.