Agenda del Caos

Es necesario organizar los horarios en una agenda programada que nos permita trabajar y al mismo tiempo buscarle por otro lado (como yo, que tengo un negocio que no deja un peso), ya sea realizando actividades extralaborales que te ayuden económicamente (como vender mota en las paradas de colectivos, esto me funcionaría mucho mejor), o bien realizar algún tipo de estudios o capacitación que a la larga nos brindarán mayores oportunidades en la vida (como tomar clases de baile de table dance).

Yo ya hice mi nuevo horario de actividades, claro que es bastante utópico y si sobrevive hasta octubre ya me daré por bien servido, además es muy aburrido como para comentarlo aquí. Por eso realicé una agenda de fantasía, escribí cómo llevaría una vida ideal, caótica, inmoral, y salvaje, pero eso sí, organizada:

Lunes a viernes, de entre 8 a.m. a 10 a.m. intentar despertar pero sin forzarme demasiado, que venga la lucidez por sí sola.

Entre 10 y 11, amodorrarme en la cama y dormitar soñando cosas lindas, por ejemplo: que tengo mucha gente a mi servicio, una de ellas trabaja mucho para mi y se encarga de mi manutención.

Otra da unos masajes sensacionales, es una diosa en la cocina, y es la responsable de mi confort personal, me da de comer uvas en la boca y limpiar las “popos” de mi perro (en este horario ideal, mi mamá se fué a vivir a Dubai con un rico empresario y por lo tanto ya no entra en los planes).

Como a eso de la una de la tarde, dejo de soñar todas estas estupideces, ya que el hambre hace presa de mí y me levanto de la cama para continuar con mi horario ideal, desayuno unos burritos de Lonchibon que estarán siempre en el refri.

Los martes y jueves me toca baño en el jacuzzi con sales y aromas exóticos refrescantes y sensuales, para sentir mi piel deseable. Acto seguido me aplico lociones, cremas y humectantes en todo mi deseable y acariciable cuerpecillo (excepto en donde me arda, claro). Los lunes, miércoles y viernes sólo me daré un baño vaquero; esto es: echar agüita en las axilas, en el cabello, y punto.

Como a eso de las tres de la tarde leo un libro mientras me fumo un buen habano.

A las 17:00 horas en punto, salgo a un café para comer ahora sí bien mientras despotrico a gusto en contra del gobierno con cualquier feligrés desconocido que se preste para ello.

A eso de las 18:00 horas, echar un coyotito , una siestecita relajadora.

A las 19:00 o 20:00 horas (hora local), aventurarme a dar con algún barecillo para chelear, y a las 20 con 13, 14 minutos a lo sumo, dar el paso de la muerte y tomar uno fuerte, esto se presta para botanear a manera de merienda. Nuevamente me abocaré a despotricar sobre las acciones erráticas de nuestro gobierno. Dada la hora y los tragos que hay de por medio, aquí la plática toma diversas direcciones, puede ser desde fútbol, el mundillo del espectáculo, ponerse al tanto de las tramas de Juan Querendón o Muchachitas como Tú, o hasta comentar la penosa situación del deporte olímpico en México, y que va a quedar así la situación si las cosas no se componen.

Como a eso de las 12, o una de la mañana, volver a casita y caer dormido de borracho sobre la cama que jamás tendí.

Al día siguiente, la rigurosa agenda deberá cumplirse de nueva cuenta al pie de la letra.

Y bueno, eso es mi horario de actividades ideal. Pero el verdadero se enfoca en simplemente a sobrevivir.

Pero eso sí, con horario flexible (tan flexible como trabajar de 9 a 6 de Lunes a Viernes).



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