El bello durmiente.

En plena avenida Reforma, hay un cajero automático que funciona además como recámara de un pintoresco señor. Supongo será pintoresco porque sí no que hace durmiendo en un cajero. Tal vez piense que su tarjeta le da derecho a alojamiento en todos los establecimientos afiliados. O sea muy celoso de sus inversiones. No me molesta, pero debo aceptar que usar el cajero, es como tratar de sacar dinero del pantalón de tú papá/novio/esposo haciendo malabares para no despertarlo.

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Y no es que se acueste muy temprano que digamos, pero sí eres mafioso, prosti o paladín de la justicia, tal vez se te ofrezca hacer una transacción urgente en medio de la noche y que apuración despertar al pobre hombre de su sueño de belleza. Yo tuve que hacer gala de mi superpoder de invisibilidad, y así le tomé la foto y saqué un par de millones para repartir entre los desposeídos de Ciudad Gótica.



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