Miedo.
Imaginemonos a todos los mexicanos y mexicanas sin nuestro querido miedo.
Saldríamos todos los días a partirnos la cara por nuestras familias, por nuestros amigos, por los ancianos, por los niños, por los derechos de las minorías, por nuestros ideales, ¡de hecho, todos tendríamos ideales!
Cometeríamos la insensatez de frenar de tajo la corrupción en el gobierno, y si realmente fuéramos muy, muy valientes, en nosotros mismos. Acabaríamos con la institucionalizada impunidad de los poderosos. Los medios de comunicación no podrán manipularnos. ¿Qué sería de nosotros? ¡Uy no, qué miedo!
Sin el miedo correríamos el riesgo de aprender idiomas extraños y peligrosos: ruso, alemán, japonés; zapoteca y en la ONU les diríamos sus verdades a estas potencias en su propio idioma, con todo y groserías locales.
En las escuelas se implementarían deportes horribles y arriesgados: artes marciales, box, esgrima, montañismo, buceo, ajedrez. ¡No, ajedrez no, por favor! Trabajaríamos todo el día y por la noche tendríamos la desfachatez de llegar a estudiar. Dormiríamos menos, produciríamos más; chance y hasta nos realizaríamos en actividades paralelas al trabajo: música, pintura, poesía, deportes, filosofía; y no tendríamos tiempo de quejarnos, ¡que horror!
La selección de futbol cometería la imprudencia de meter los pénaltis, ofendiendo impunemente a los señores brasileños, alemanes, italianos, etcétera, ganándoles de vez en cuando.
La delincuencia casi se extinguiría en el momento en que los delincuentes le perdieran el miedo al trabajo honrado; esto sería una tragedia de dimensiones titánicas, porque los temas de moda favoritos de todos no podrían ser más aquellos de: -”Me asaltaron”, “Fui víctima”, “¿Qué hace uno?”. -
¿Y si la valentía es contagiosa?, ¡Brotaría una epidemia de heroísmo y coraje más temible que la fiebre aftosa, no manches!
¿De qué hablaríamos? ¿De progreso, de los nuevos retos y proyectos que estaríamos por emprender la siguiente semana? ¡No por favor!
El narcotráfico quebraría de un día para otro, ya nadie necesitaría ponerse idiota con drogas, ¿quién querría fastidiar más su cerebro si ya no existe el miedo? ¿Quién desearía perderse en un mundo falso de fantasía? Ninguna persona se evadiría con el alcohol, ni siquiera “necesitaríamos” fumar tabaco. Significaría la ruina para estas respetables empresas.
¿¿Te imaginas a todos y todas bailando en las calles sobrios?? ¡Qué espanto! ¿Cómo educaríamos a nuestros hijos sin implantarles toda esta cultura del miedo a todo? Miedo al éxito, a la pobreza, a los castigos, al qué dirán. Tendría que replantearse la educación desde cero. ¡No, no, no; y la cultura de lectura estallaría como una bomba atómica! Todo el mundo le perdería el miedo a los libros gordos y tediosos; devoraríamos conocimientos; es más, todos tendríamos posibilidad de escribir excelentes ensayos, novelas, poesía, comedia.
¿A dónde iríamos a parar? Ya no tendrías miedo de entregar el alma en tu relación de pareja, seríamos fieles, netos, y amorosos; cada caricia, cada promesa, cada suspiro serían cien por ciento auténticos, y esto es simplemente inconcebible.
¡Uy no, qué miedo perder el miedo! Porque junto con mis miedos, también me abandonarían mis complejos. ¿Qué haría yo sin ellos? Ya no podría odiar a los pobres, por pobres, ni a los ricos, por ricos; ni criticar a mis vecinos, ni envidiar a mis compañeros, ¿Qué haría todo el día? ¿Te imaginas yo sin mi querido miedo. ¡Uy no, qué miedo! ¡Chao!
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Esta entrada fue publicada en Noviembre 2, 2004 bajo la categoría Cosas que solo a mí se me ocurren. Tags:Puedes seguir las respuestas a esta entrada mediante el Comment Feed. Puedes dejar un comentario, o un trackback.
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