Mentiras.

Todos hemos dicho mentiras. Y el que lo niegue está mintiendo. Cuando una persona más o menos sana de la mente, y más o menos normal, hace algo malo y luego oculta su acción con mentiras, acaba torturándose a sí­ misma. El hecho de esconder la verdad, altera todo tu sistema nervioso. Las manos te sudan, los nervios te traicionan y la culpabilidad te brota en el rostro.
Lo que quieres hacer es tener paz interna, quieres salir corriendo a la calle confesando tu pecado a gritos:

-”¡¡Siiii, yo fui, yo lo hice; yo me comí­ la última galleta y dejé la caja vací­a en la alacena, fui yoooo, que alguien me dispare!!”-

Pero existen personas que viven y disfrutan de la mentira, y entre más mentirosos son, es más difí­cil descubrirlos. Algunos mentirosos compulsivos mienten porque están mal de la cabeza (cientí­ficamente comprobado), padecen alteraciones en el funcionamiento cerebral, y por eso mienten, viven otra realidad alterna. Y otro tipo de mentirosos, simplemente mienten por cabrones. Ambos hacen mucho daño a la sociedad y a las personas. No se por qué se me ocurrió este tema de las mentiras. Quizas fue por que ayer me enteré de una mentirototototota que me dijeron y la neta es que si me dolió mucho, en fin.

Hay polí­ticos, empresarios, rateros, deportistas, médicos, artistas, etcétera, que viven de la mentira. Para no ser descubiertos, estudian palabra por palabra de las declaraciones que hacen, las opiniones que exteriorizan, y llevan un minucioso proceso en el que cuidan detalle a detalle sus gestos, sus actitudes, sus reacciones, e incluso la modulación de su voz. Esto se notaba más en los polí­ticos de la vieja guardia, quienes siempre hablaban con el mismo tono tranquilo de voz, Salinas fue el último de los presidentes mexicanos que se expresa de este modo.

Hay que recordar que Zedillo trataba de romper con este estereotipo, e intentaba gritar de manera natural, pero siempre se le salí­an los gallos perrí­simo: -”¡Vivaaaaa Méxicooooo!”-

Era imposible saber qué sentí­an en realidad los anteriores presidentes, porque utilizan siempre el mismo tono para todo, desde: “Mexicanos, estamos trabajando para ustedes”. Hasta: “Se está incendiando mi cama, y ya me quemé el culo”.

¿Cómo saber qué está sintiendo esta persona que tiene tal domino de sus emociones ante los demás?
Es horrible tener relación directa con alguien a quién no le crees nada. Las parejas de enamorados que no confí­an el uno en el otro, viven un infierno.

-” Dime la verdad” - dice ella - “¿No me estás mintiendo como siempre?”-

La pregunta que hay que hacerle a esta chica es:
“¿¿Por qué sigues con un cuate que sabes que te miente??”

Pero es muy común ver esto. Tal parece que a mucha gente le gusta que le mientan. O si no es así­ ¿por qué lo toleran?

- “Si no me quieres decir la verdad no me la digas” - serí­a lo correcto - “pero ahí­ la dejamos, me largo.”-
- “¡No, no te vayas!” - dice el otro -”¡Quédate por favor!” -
-”¿Para qué quieres que me quede?” - responde la ofendida.
- “¿La verdad?” - confiesa - “¡Para seguirte mintiendo, mi amor!”-

También tenemos las mentiras piadosas. Son patéticas, porque suenan a:

-”No te digo la verdad, porque no creo que estás capacitado para soportarla, y además me das lástima”.-

Mi papá tení­a un chiste muy bueno al respecto:

“¿Por qué tu abuelito choca contra las paredes? - Porque es ciego, pero no se lo hemos dicho para que no sufra.”

Pero esto de las mentiras piadosas es algo real con lo que vivimos. Imaginemos por un instante que de un dí­a para otro, todos los mexicanos supiéramos la verdad de todo aquello que no sabemos. Que los secretos turbios de la polí­tica mexicana salieran a la luz. ¡No lo soportarí­amos! Nos darí­amos un tiro, “juirí­amos” del paí­s, quedarí­amos locos ante tan desgarradora experiencia. Parece que muchas veces preferimos vivir en la ignorancia, tragándonos las mentiras que nos cuentan.

- “¡Que el PRI cambio!” - ¡Sí­ claro, seguro que si! ¿y tu nieve de qué la quieres?

- “¡Que Carlos Salinas no fue tan malo!” - ¡Por supuesto que no! ¡Bienvenido una y otra vez paisano! -
-”¡Que ni es para tanto el abuso infantil!” - ¡Claro que no; mugres escuincles, que ya no se quejen los mamilas de Derechos Humanos! -

-”¡Que el desempleo va disminuyendo!” - ¡Por supuesto! ¡Si lo que pasa es que la gente no trabaja porque es güevona, no porque no haya trabajo!.

¿Preferimos sobrevivir con mentiras que enfrentar la verdad?.



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